El Valle del Cauca: Con todos los sentidos

Por Diego Alfonso

Viajar por carretera es, definitivamente, la mejor opción para conocer y dejarse impresionar por el bello país en el que nos tocó nacer.

Cuando, por vía terrestre, se viaja al Valle del Cauca hay tres puntos que llaman la atención: el primero, que la vía no está del todo terminada y hay tramos que frenan ese impulso de querer llegar lo más pronto posible a este dulce departamento.

Segundo, el Alto de la Línea, un espacio geográfico que pasó de ser un mito por lo difícil de su escalada, sus trancones y el esfuerzo de los ciclistas que los convertía en héroes de las grandes competencias de este deporte en el país, a un lugar que ya no asusta tanto y donde también se pueden apreciar, cuando la niebla deja, bellos paisajes o disfrutar de una rica aguapanela caliente para subir la temperatura de nuestros cuerpos.

Y el tercero, la transición que hay del paisaje y el aroma cafetero en el Quindío, que invita a parar a tomarse una buena taza del producto que más nos ha hecho sentirnos orgullosos a los colombianos, a otra panorámica, mucho más dulce, la de la caña, que acompaña la entrada a este departamento y que, sin lugar a dudas, tiene el olor del azúcar.

Luego de internarnos en este departamento del occidente del país los paisajes van cambiando y aparecen, a lo largo de la vía principal que atraviesa sus municipios, esos atributos y productos que los identifican y los hacen diferentes unos de otros, como la gelatina de pata – negra y blanca – de Andalucía, las uvas de La Unión y los artículos religiosos de Buga, por nombrar sólo algunos de ellos.

Buga y su vocación religiosa

Llegamos a Guadalajara de Buga, una población con vocación religiosa, donde el Señor de los Milagros, su Basílica y alrededores, concentran a turistas y peregrinos de todo el país y del extranjero. Los agradecimientos abundan y, dicen, hay una alta probabilidad de alcanzar ese favor divino, si se pide con mucha fe al ‘negrito’, como le llaman algunos cariñosamente a esta figura que permanece en lo alto de la Basílica.

Conozca la historia del Señor de los Milagros en este link http://www.milagrosodebuga.com/web/index.php/senor-de-los-milagros

Después de la celebración religiosa, en la que al final bendicen los artículos religiosos que sus visitantes llevan como recuerdo y cuyas ventas dejan un porcentaje para obras sociales que realizan los misioneros redentoristas que están a cargo de este templo, se puede conocer más de la historia de este espacio en el Museo, antes o después de tomarse un jugo de frutas para refrescarse de la alta temperatura que aumenta mucho más con la multitud que siempre se ve por este lugar.

Y luego de toda la peregrinación, qué bueno deleitarse con la rica gastronomía vallecaucana o valluna que se encuentra a sus anchas en todos los restaurantes de la ‘Ciudad Señora’, como, por ejemplo, la chuleta que, me consta, en este municipio es una de las más sabrosas del país. Recomiendo el restaurante Metrochuleta, donde se consigue una enorme chuleta para 6 personas por sólo 30.000 pesos. Vea más información en la sección de gastronomía de este portal.

Buenaventura, más allá de las malas noticias

Después de Buga, tomamos la vía rumbo a Buenaventura, población que mueve casi el 60 por ciento del comercio exterior del país y que recientemente ha visto afectado su turismo por fuertes noticias negativas que han surgido desde allí por las llamadas casas de pique, una práctica que, dicen algunos de sus habitantes, fue aprehendida de la mafia mexicana.

Aunque estas noticias llevaron a que en Semana Santa muchos colombianos no contemplaran a Buenaventura como un lugar seguro para visitar y esto se vio reflejado, especialmente, en el templo culinario de comida del Pacífico, como lo es la galería de Pueblo Nuevo, donde ya no asustan los miembros de esas bandas sino los fantasmas que se mueven entre la soledad generada por las malas noticias.

Recorrimos espacios como el parque principal con una impresionante vista al mar, vuelo de gaviotas sobre nuestras cabezas, un faro turístico y espacios para artesanos y comidas típicas, fuimos a donde María Teléfora en Pueblo Nuevo y visitamos la reserva natural de San Cipriano, un lugar que, al parecer, no se vio tan afectado por las noticias, pues encontramos personas de varios lugares de Colombia y del mundo.

A esta reserva se llega, desde Córdoba, en las conocidas brujitas que viajan por la carrilera a través de paisajes selváticos hasta un poblado de gente amable y trabajadora que cuida la naturaleza porque de ella ha vivido y porque es un verdadero paraíso de caminos naturales y ríos de aguas cristalinas y pozos tranquilos para disfrutar en familia.

En estos días probamos chontaduro, pomarrosa, jugo de borojó, encocado de jaiba, pescado frito con patacón, arroz triple con camarón, jaiba y toyo, sancocho de pescado en leche de coco, chancacas, todas delicias que sólo se consiguen, de esa calidad, en este puerto que, podría ser, el mejor destino gastronómico de Colombia.

Próximamente publicaremos un completo artículo, con sitios turísticos y gastronomía, llamado Buenaventura no es como la pintan, del cual les adelantamos el video https://www.youtube.com/watch?v=A7knkj8iNEc

Este viaje relámpago lo terminamos en la capital vallecaucana, Cali, luego de pasar por el famoso kilómetro 18 en donde, aunque no paramos, recuerdo que se conseguían deliciosos postres. En la ‘Sultana del Valle repetimos chuleta en el tradicional Restaurante El Bochinche, la personal más impresionante que se puede encontrar por su tamaño y sabor.

La vista, el gusto, el tacto, el oído y el olfato trabajaron al 100 por ciento en esta aventura corta por el Valle del Cauca.

Más imágenes en:
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Video en:
https://www.youtube.com/watch?v=IvUdRunoPwg

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