Buenaventura no es como la pintan

Por Diego Alfonso

Lo más extremo que hay para hacer en Buenaventura es recorrer sus sitios turísticos bajo el intenso calor húmedo que predomina en el puerto. El resto parece una novela de crónica roja o de terror escrita a varias manos por algunos periodistas y diferentes autoridades.

Más allá de las noticias negativas hay toda una población de gente negra, alegre y llena de esperanza, aunque también hay blancos y mestizos a los que muchos nativos llaman ‘paisas’, aunque sean bonaverenses de nacimiento.

Buenaventura ofrece muchos destinos en uno y el turismo de terror no está entre sus especialidades. La naturaleza, la gastronomía, la aventura, la cultura, la música y el mar son algunas de las buenas razones para visitar este municipio del Pacífico vallecaucano.

Si se viaja por carretera, a la altura de Cisneros los paisajes y el ambiente advierten que se está entrando a una población costera, con vegetación con gran variedad de verdes y olores a deliciosos frutos con un toque salino.

Pero si la idea es la de internarse de lleno en ese mundo natural la reserva de San Cipriano es el lugar para hacerlo. Desde la población de Córdoba, a unos 10 minutos de la zona urbana de Buenaventura, se toma una ‘brujita’, medio de transporte que lo lleva por la carrilera en medio del maravilloso paisaje a este paraíso lleno de vegetación y corrientes de aguas transparentes.

Allá se puede caminar por senderos selváticos, nadar en profundos pozos, recorrer el río en neumáticos, conversar con los anfitriones dispuestos siempre a contar historias y leyendas de la zona, disfrutar de deliciosas comidas y descansar.

Por el lado del mar hay muchos destinos. Partiendo del muelle turístico, primero está La Bocana y un poco más allá Juanchaco y Ladrilleros, balnearios bordeados por el océano Pacífico para pasar el día o disfrutar una pequeña temporada en buena compañía. A mediados del año se pueden avistar ballenas, que llegan por temporada a disfrutar de las cálidas aguas de esta parte del mundo.

Su deliciosa gastronomía, especializada en frutos del mar en leche de coco, presentes en preparaciones como sancochos, sudados, encocados y tapados, se encuentra en todo el municipio. Recomendamos especialmente la galería de Pueblo Nuevo, tradicional lugar con matronas que preparan con amor platos como para chuparse los dedos, como el triple, con arroz con coco, patacones y tres mariscos: camarón, toyo y piangua, acompañados por una taza de sancocho de pescado.

Pero además de estas comidas fuertes, hay frutas de la región como el chontaduro, la pomarrosa, el pepe pan, el coco, que transforman en deliciosas cocadas o chancacas, el caimito, los mangos y la dulce caña, que, a cualquier hora del día, refrescan o ayudan a coger fuerzas para seguir el camino.

En materia cultural, en el parque principal o en cualquier otro espacio turístico, es posible toparse con un grupo de música del Pacífico, con marimba, tambores e instrumentos de viento, que hacen más alegre el momento, y más si se acompaña con la bebida tradicional: el biche, al que además le atribuyen propiedades afrodisiacas y medicinales. Igualmente, se puede conseguir un recuerdo artesanal a base de elementos naturales de la zona.

Como el nombre de la población, los pocos días que disfrutamos el municipio costero realmente fueron una ‘buena aventura’, aunque con pesar notamos que el turismo disminuyó por noticias perversas, especialmente hacia los destinos de mar y lugares como la galería de Pueblo Nuevo, donde por primera vez en muchos visitas no hicimos fila para sentarnos en una mesa y disfrutar de su comida.

Los invitamos a ver el video de nuestra visita en

http://www.youtube.com/watch?v=A7knkj8iNEc

Y la galería de imágenes en
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.868262079854010.1073741836.304195289594028&type=1

 

 

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